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Todos los políticos, de todos los partidos, hablaron y
hablaron de cambiar el régimen fiscal de Pemex, para que la empresa petrolera
pueda disponer de más recursos para invertir.
Ahora, cuando está por empezar el período extraordinario de
sesiones del Congreso, tienen dudas.
Se han dado cuenta que dejarle más dinero a Pemex significaría
que el gobierno federal contaría con menos ingresos provenientes del petróleo.
Los gobernadores se han dado cuenta que los gobiernos de los
Estados recibirían menos dinero de los llamados excedentes petroleros.
Y ahora tienen dudas, Joaquín, y han empezado las presiones en
las Cámaras de Diputados y Senadores.
Todos dicen estar de acuerdo en qué Pemex tiene que contar con
más dinero, pero ninguno quiere que sea a costa de que los Estados reciban
menos recursos.
Y no se puede tener todo, Joaquín, imposible.
Tienen tres opciones: La primera es cambiar el régimen fiscal
de Pemex para que haya más recursos para invertir en el petróleo y recibirían
menos dinero la Federación y los Estados; la segunda es que aprueben inversión
privada en Pemex y así recibirían su dinero la Federación y los Estados, pero a
sabiendas de que esa inversión puede ser extranjera; la tercera, Joaquín es no
hacer nada y mientras la Federación y los Estados desangran a Pemex, la empresa
se deteriora más.
En el discurso todo se veía muy bien, pero en los hechos
descubrieron que la cobija de Pemex sigue siendo del mismo tamaño, y no alcanza
para todos.
Y ya se hicieron bolas.
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