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Durante varias semanas los funcionarios del gobierno federal
desestimaron la ola de violencia con el argumento de que se trataba de una
guerra entre pandilleros del narcotráfico, según esto, como resultado del éxito
obtenido al detener a muchos líderes de esas bandas criminales.
Por fin, Joaquín, se convencieron de que no es sólo una guerra
entre pandilleros.
El asesinato del jefe de la policía de Nuevo Laredo, a pocas
horas de haber tomado posesión, fue el detonador del programa “México Seguro”.
Es posible que el programa, como dicen algunos críticos, sea
respuesta muy limitada al desafío lanzado al Estado Mexicano por las bandas del
narcotráfico.
Pero, pienso, Joaquín, que lo importante es que se ha empezado
a hacer algo.
Y apenas a tiempo, porque está claro que Estados Unidos ha
decidido utilizar la violencia del narcotráfico como herramienta para presionar
a México a ceder soberanía para formar parte del perímetro de seguridad ideado
por Washington.
El gobierno del Presidente Fox estará entre dos fuegos: el
reto lanzado al Estado por las bandas del narcotráfico y las presiones de
Estados Unidos para que ceda soberanía.
Sólo faltaría que la irresponsabilidad de los partidos
politizara el tema. Y se provocara una división que sólo debilitaría todos los
esfuerzos por combatir al narcotráfico.
No faltarán los inconscientes a quienes gustaría acorralar al
gobierno del Presidente Fox.
Que no se politice el tema de la lucha contra el narcotráfico,
Joaquín, porque el acorralado no sería sólo el gobierno del Presidente Fox.
El acorralado sería el país.
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