|
En medio de tantas noticias desalentadoras, de un creciente
clima de tensión social y política, que termina por poner de mal humor a
cualquiera, siempre se pueden encontrar historias que nos renuevan la esperanza.
Hace dos días, el rector de la Universidad Autónoma de Ciudad
Juárez Felipe Fornelli encabezó la ceremonia de graduación de 800
profesionistas.
La pura ceremonia es una prueba de que allá en la frontera
norte ocurren muchas cosas que no necesariamente son temas para la nota roja.
Salvo que es muestra de
la singular vitalidad de la Universidad de Ciudad Juárez la ceremonia de
graduación no fue distinta a las que celebradas en tantas escuelas y
universidades de la República.
Tampoco es excepcional que, según revela un artículo de un
diario juarense, casi la mitad de los graduados haya tenido que trabajar para
costearse sus estudios.
Lo que hace distinta la ceremonia de graduación de la
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Joaquín, es que en ella recibió su
título de licenciatura en administración de empresa la señora Catalina Chow.
Y que la señora Catalina Chow, Joaquín, tiene ochenta y cuatro
años cumplidos.
A esa edad, Joaquín, la mayoría de nosotros no tiene aliento
para hacer nada, menos para ponerse a cursar una carrera universitaria.
No la señora Chow, Joaquín. En algún momento decidió que
tendría un título universitario. Y lo logró, Joaquín, lo logró.
Hace tiempo leí en alguna parte que aquel que sigue
aprendiendo siempre será joven.
Con esos ejemplos, Joaquín, ¿quién tiene derecho a darse por
vencido?
|