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Esta mañana Bernardo Barranco, el intelectual especialista en
religiones y recién designado consejero del Instituto Electoral del Estado de
México, calificó a las elecciones de gobernador en ese estado como “la antesala
de las elecciones presidenciales de 2006”.
Se dice que por ocurrir justamente a un año de las
presidenciales, las elecciones del Estado de México son algo así como el
laboratorio donde se prueban las tácticas de la campaña presidencial.
Pero si la sinrazón y la mala fe, práctica común en el proceso
electoral del Estado de México, van a prevalecer en las elecciones
presidenciales, arriesgando su credibilidad corremos el riesgo de revivir la
violencia electoral.
Por eso el Presidente Fox tiene que nombrar ya el reemplazo
del Secretario de Gobernación, para designar a alguien que se encargue de
desactivar las bombas de tiempo que desde ahora colocan los partidos para
reventar las elecciones presidenciales.
No juzgamos la tarea del señor Creel, Joaquín, pero él ya
tiene su mente en otros temas, especialmente en el de su candidatura.
Pero quienquiera que sea el sucesor -o sucesora- de Creel,
tiene que tener el apoyo del Presidente de la República. Alguien tiene que
decirle al Presidente Fox que ya no puede seguir peleando públicamente con los
partidos de oposición.
Alguien tiene que decirle que, a trece meses ocho días de las
elecciones presidenciales, su tarea fundamental, su prioridad, es trabajar para
poder cumplir con la responsabilidad de que las elecciones y la transmisión del
poder sean ordenadas y pacíficas.
Nada más, pero nada menos.
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