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Hay muchas voces en Europa y Estados Unidos que pregonan “En
México todos son ladrones, narcos, bandidos”.
Así escuchamos, por ejemplo, a comentaristas de la cadena
norteamericana de televisión Fox, que México es un país corrupto.
¿Por qué lo dicen? Si la mayoría de ellos ni siquiera han
visitado México.
Un residente de Estados Unidos respondió a esta pregunta: ¿por
qué no creerlo? Si es lo que ustedes los
mexicanos dicen todos los días de su país, según los leo y los escucho.
Tienen razón.
Allá en Estados Unidos han tenido su ración de escándalos.
Los fraudes de los directivos de grandes trasnacionales que arruinaron a miles
de inversionistas. Algunos gobernadores que han sido destituidos por corrupción.
Claro, los norteamericanos no le gritan al mundo que su país
está podrido.
A nosotros nos encanta gritarlo.
Creo, Joaquín, que en México, como todos los países del mundo,
tenemos nuestra cuota de sinvergüenzas, en el gobierno, en el sector privado,
en la academia y en muchas instituciones.
Mas la cuota no es mayor que la de cualquiera otra nación,
aunque algunos así lo griten a los cuatro vientos.
Pero ahora vivimos un febril clima de denuncias, acusaciones,
de sospechas, un clima de falta de confianza que desmoraliza a la población y
denigra a la mayoría de los mexicanos, a esa mayoría de gente honrada, con las
mismas virtudes y defectos que otros pueblos del mundo.
Es como si la democracia nos hubiera despertado un
irresistible impulso por destruirnos unos a otros.
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