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Faltan 17 meses para que termine el sexenio, Joaquín, menos de
año y medio.
Seguimos en las mismas discusiones de hace cuatro años.
Ya casi es un deporte nacional criticar ferozmente al
Presidente Fox. En muchos casos, hay que decirlo, el señor Fox se ha ganado a
pulso las críticas.
Como sea, salvo la actividad electoral de los partidos y
aspirantes a la Presidencia de la República, Joaquín, poco le queda por hacer
al régimen foxista, salvo garantizar la transmisión ordenada y pacífica del
poder.
Muchos dicen que fue un sexenio perdido, porque la economía
está estancada, aunque estable.
Pero no todo es culpa del Presidente. Ni siquiera es todo
culpa de los colaboradores del Presidente, aunque algunos de ellos sean
trágicamente ineptos.
Los políticos y los partidos de oposición tienen también mucha
culpa.
Durante cuatro años y medio de gobierno foxista han sido
incapaces de negociar con el gobierno del Presidente Fox. Sólo lo han
confrontado.
Por prejuicio o cerrazón ideológica, esta generación de
funcionarios y políticos ha sido incapaz de negociar y de llegar a acuerdos.
Pero la actual generación de políticos y funcionarios, salvo
pocas y honrosas excepciones, vive en su pequeño y oscuro mundo de las venganzas
mezquinas, de la sospecha, de los rencores. Y por lo mismo, Joaquín, han sido
incapaces de hacer pactos y menos de cumplirlos.
Olvidaron que a México, como a todas las naciones, lo
construyeron los acuerdos políticos.
Y la actual generación de políticos y funcionarios sólo puede
construir changarros.
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