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En 1996, cuando se reformaron las leyes electorales, se
decidió que el 90 por ciento de los gastos de campaña de los partidos políticos
se financie con recursos públicos.
Hacía poco de la triste experiencia de Ernesto Samper, a cuya
campaña por la Presidencia de Colombia se había colado el dinero de los capos
del narcotráfico.
Esa desafortunada experiencia ocurrió, Joaquín, porque en
Colombia hay segunda vuelta electoral. Esto es, que si ningún candidato
presidencial ha obtenido el 50 por ciento de los votos, entonces hay una
segunda elección en la que compiten los dos candidatos que hayan obtenido la
mejor votación en la segunda vuelta.
A Ernesto Samper se le habían agotado los fondos de campaña en
la primera vuelta. Y ante la falta de dinero, empezaron a recibir donativos de
todo el que quería aportar.
Así fue como se colaron los dineros del narcotráfico en
aquella campaña.
Y ahora quieren colar en la reforma electoral mexicana una
segunda vuelta electoral. Dicen que aquí nada pasaría, porque las campañas se
pagan con fondos públicos.
Lo que no nos dicen es cuánto costarían unas elecciones
presidenciales con segunda vuelta.
No nos dicen porque costarían lo mismo que la primera vuelta.
En un año pagaríamos dos elecciones presidenciales.
Como si México estuviera nadando en la abundancia.
Pero para muchos llegó la hora de experimentar. Total, ellos
no pagan un centavo.
No cabe duda, Joaquín, para hacer política se necesita dinero,
mucho dinero, pero siempre es preferible que sea dinero ajeno.
O de los que pagamos impuestos.
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