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Tal parece que el único tema a discutir desde ahora es la
sucesión presidencial, las candidaturas presidenciales y las elecciones del 2
de julio de 2006.
Ninguna otra cosa parece importar, Joaquín. Pero mientras se
perciben luces de alerta.
Los analistas consultados por el Banco de México dicen que hay
un deterioro en la situación económica del país. A pesar del optimismo oficial,
el desempleo no ceja y México padece una hemorragia de recursos humanos que
significa la emigración masiva hacia Estados Unidos.
Son los resultados de la paralización económica durante cuatro
años. Los resultados de los desacuerdos y desencuentros de los políticos.
Por eso la economía mexicana cayó del noveno al lugar 14 entre
las economías del mundo.
En el campo se agrava la situación y los sectores productivos
se quejan de la falta de una política industrial para resistir la
globalización.
Pendientes que deberían recibir la atención de los políticos,
del Congreso, de los partidos y, claro, de los gobiernos.
Porque de esos pendientes depende la vida cotidiana de los
ciudadanos, pero sobre todo, la calidad de vida de los ciudadanos.
Pero no, Joaquín, ¿quién va a perder el tiempo buscando
fórmulas para que la economía marche, para que se creen empleos o para que los
sectores productivos de México puedan sobrevivir?
Todos, los políticos, los partidos, el Congreso y, los
gobiernos, prefieren entretenerse en el juego de la sucesión presidencial.
Así, con sus sainetes, nos entretienen, nos distraen, y
quieren que olvidemos todo lo que han dejado de hacer.
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