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La República está tranquila. Tranquila y serena, como decían
los antiguos.
De pronto todo el encono de la semana pasada se ha evaporado,
Joaquín. Y eso sólo puede alegrarnos.
Ha sido un verdadero bálsamo para el espíritu nacional
enterarse de que el próximo viernes se reunirán en Los Pinos el Presidente
Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador.
Porque aunque, como dice Fox, la transición exija toda una
generación, la ventaja es que transcurrirá sin sobresaltos, una vez que lleguen
a un acuerdo el Presidente y el jefe de gobierno del DF.
Pero uno es díscolo, Joaquín, y prefiere abordar temas más
terrenales.
Hace unos días anunció la Unión Europea que ha iniciado una
investigación sobre la importación de textiles provenientes de China. Y en
Estados Unidos estudian medidas para hacer lo mismo.
Es que en China, Joaquín, la producción de textiles es muy
barata, porque los obreros y obreras ganan el equivalente de 20 pesos mexicanos
por jornadas de 13 horas diarias. Eso sí, con derecho a tener un día de
descanso cada 10 días.
¿Cómo resistir esa competencia? Eso lo estudian ya los
europeos y los norteamericanos.
Aquí, enfebrecidos por la transición democrática, ni siquiera
pestañeamos. ¡Qué flojera ocuparse de la competencia china! Total, hasta ahora
sólo se han perdido cerca de 300 mil empleos en el sector textil por esa
competencia.
¿Qué son 300 mil empleos perdidos en un solo sector
industrial, Joaquín? ¿Qué pueden significar frente a la gloriosa transición
democrática?
Nada, son cacahuates, Joaquín, cacahuates.
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