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Qué lejos parecen estar aquellos tiempos en que el Presidente
Fox y muchos de sus colaboradores estaban seguros de que traían consigo las
fórmulas que le cambiarán a México hasta el modo de andar, después de que
desaparecieran todo vestigio de lo que llamaban, y llaman, el viejo régimen
autoritario.
Han transcurrido casi 53 meses desde aquella espectacular toma
de posesión del Presidente Fox.
Tenemos un bono democrático, presumían hace 53 meses. Pues sí,
pero el bono democrático lo gastó casi inmediatamente la realidad mexicana, una
realidad implacable y terca.
En todo esto, Joaquín, hay una lección para quienes andan
desaforados en busca de la Presidencia de México.
Nunca está de mas escarmentar en cabeza ajena. Si aprenden las
lecciones ofrecidas por el gobierno de la alternancia, quizá, sólo quizá,
Joaquín, puedan evitar quedarse deslumbrados por el sólo hecho de ganar la
elección presidencial.
Esa etapa la describió don Porfirio Díaz, cuando ya en el
exilio, le dijo a un periodista francés:
“...Ya descubrirá Panchito Madero que para ser Presidente no
basta con sentarse en la Silla”.
Pero eso no lo quieren reconocer todos los que desaforadamente
buscan la Silla Presidencial.
Menos quieren aceptar aquella otra sabia frase de don
Porfirio: “es más difícil gobernar a los mexicanos que arrear guajolotes a
caballo”.
Yo sí se como hacerlo, nos dicen todos ahora, como hace seis
años nos lo decía el Presidente Fox.
Y al final de cada sexenio todos terminan desempeñando la
imposible tarea de arrear guajolotes a caballo.
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