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En pocas semanas sabremos cómo desenreda el nuevo procurador
general de la República Daniel Cabeza de Vaca la madeja del caso del desafuero.
Mientras, Joaquín, habrá de ocuparse de evitar que se
desbarate la estructura de mandos en la Procuraduría.
Se habla de renuncias de varios importantes funcionarios de
esa dependencia y de eso, Joaquín, habría que preocuparnos.
Porque independientemente del rol desempeñado por la PGR en el
caso de El Encino, en esa dependencia se realizan muchas otras tareas. Y son
tareas importantes para el combate a la delincuencia organizada y al
narcotráfico.
En esos campos el general Rafael Macedo de la Concha tuvo
grandes aciertos, se desbarataron bandas de secuestradores y se detuvo a
importantes capos del narcotráfico.
Sería un error permitir que en la transmisión del mando se
paralizara la PGR.
Es posible que quieran irse algunos de los funcionarios que
trabajaron con el general Macedo de la Concha, pero debiera ser un proceso
gradual, porque relevos intempestivos pueden interrumpir la coordinación de
importantes investigaciones criminales en marcha.
Es muy común que cuando hay cambios de mando en las
dependencias gubernamentales todas las actividades se paralicen, porque los
nuevos jefes tienen que decidir si se sigue haciendo todo igual que antes o qué
se cambia.
Eso no debe ocurrir en la PGR. El cambio de mandos en una
dependencia tan importante no debe trastornar las tareas de la dependencia.
Porque México no puede darse el lujo de detenerse, ni siquiera
una semana, en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada.
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