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Cuando todas las naciones del continente rompieron las
relaciones con el gobierno de Castro, México las conservó.
Eran otros tiempos, tiempos quizá más difíciles que los
actuales, porque estaba en su apogeo la guerra fría. Eran los años sesenta, los
años en que México se mantuvo firme. Aunque condenó la presencia de esos
mísiles soviéticos que amenazaban al territorio norteamericano, se opuso a la
invasión estadounidense a la isla cubana.
México sufrió presiones, muchas presiones. Las sorteó con
inteligencia. Y fue el puente para el diálogo, porque su relación con Cuba la
empleo para balancear su relación con Estados Unidos, siempre tan complicada.
Desde el gobierno de Ernesto Zedillo se empezó a perder ese
balance.
En este sexenio se acabó el balance con aquel insolente “comes
y te vas” del Presidente Fox.
Se equivocó el gobierno foxista al tomar partido por Estados
Unidos en su confrontación con Cuba, una confrontación que tiene ya casi 46
años.
Ahora Castro aprovecha el caso del desafuero para sugerir la
renuncia del Presidente Fox con un lenguaje grosero e insultante.
Yo no voté por Fox, pero es el Presidente de México, elegido
libre y democráticamente.
Como mexicano no acepto que se insulte al Presidente de México,
al que elegimos los mexicanos.
Creo que fue una estupidez envenenar las relaciones con Cuba.
Pero es igualmente estúpido que Castro insulte al Presidente
de México.
Y peor aún, es lamentablemente estúpido que algunos mexicanos
festejen la grosería cubana al Presidente de México.
A Castro sólo le diría: calláte, che, que vos también tenés tu
historia.
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