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Hace muchos años, Joaquín, que no se veía un arranque de
campaña presidencial como el que le organizaron los perredistas a Andrés Manuel
López Obrador.
Esa manifestación es la prueba del éxito obtenido por el jefe
de gobierno del Distrito Federal con su estrategia de provocar y azuzar a un
gobierno federal que dócilmente cae en todas las celadas.
Gracias al batidillo político y jurídico del desafuero se
olvidaron los escándalos de corrupción de René Bejarano, Carlos Ahumada y
Gustavo Ponce Meléndez. Y otras cosas.
Mientras tantos estamos fascinados con el arranque de campaña
de López Obrador, esta mañana cuatro individuos asaltaron a los pasajeros de un
microbús y dejaron malherido a un policía que viajaba en el vehículo.
Un episodio más de la inseguridad de la ciudad. Un episodio
que seguramente será olvidado mañana cuando sepamos de otro asalto, o cuando
haya otra gigantesca manifestación contra el desafuero.
Es como si para muchos la inseguridad ya no sea tema a
discutir y pasa a segundo términos ante el sainete político jurídico del
desafuero.
De alguna manera, los asaltos a las personas y a las empresas,
los asesinatos en la vía pública, los robos de vehículos, ya sólo son parte de
la anécdota urbana, algo común en la vida de la ciudad de México.
Qué lástima, Joaquín, porque por un momento pareció que las
autoridades atenderían al otro millón de personas que marcharon hace un año
para protestar por la inseguridad.
Ya vimos que no, bastó con ignorar aquella marcha.
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