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Ayer martes, Joaquín, el senador panista Héctor Osuna Jaime
retiró a petición de la Secretaría de Gobernación un dictamen de reformas a la
ley general de población.
Entre dichas reformas estaba la disposición de sellar la
frontera norte, así, Joaquín, de sellarla, para impedir que los mexicanos
cruzaran ilegalmente a Estados Unidos.
La reforma implicaba que la tarea de sellar la frontera se le
encargara al grupo Beta, supuestamente para proteger a los indocumentados en
territorio mexicano, pero también de las fuerzas armadas, del Ejército, para
vigilar lo que llaman las zonas de alto riesgo.
Esas reformas a la ley general de población se habían
deslizado silenciosamente en el Senado, Joaquín, tan silenciosamente que ya
habían sido aprobadas en comisiones y estaban listas para que ayer martes se le
presentaran al pleno de los senadores para ser votadas.
Es evidente, Joaquín, que esas reformas las promovió la
Secretaría de Gobernación, porque de otra manera no se entendería que se le pidiera
al senador Osuna que las retirara porque se les iban a hacer modificaciones.
Queda la interrogante. ¿Por qué intentar sellar la frontera?
Pues quizá para atender la solicitud del gobierno de Estados
Unidos, que enfrenta grandes presiones para contener la inmigración ilegal.
Quizá fue algún compromiso ya contraído con la Casa Blanca o
con alguna otra dependencia del gobierno norteamericano.
¡Qué bueno que ya la retiraron! Hubiera sido una barbaridad
poner vigilancia en la frontera norte para bloquear el paso de ciudadanos
mexicanos en territorio mexicano.
Hubiera sido una tontería que el Senado mexicano le hiciera el
trabajo sucio al gobierno federal, y, de paso, al gobierno de Estados Unidos.
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