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La Anuies, la asociación que agrupa a las universidades de la
República, ha insistido en el dato que una de cada tres carreras universitarias
están saturadas, que quienes las estudian están condenados y condenadas al
desempleo.
Es posible, como nos dice la Anuies, que hay que estimular a
los estudiantes universitarios a inscribirse en las carreras que ofrecen más
oportunidades de encontrar ocupación.
Pero también nos enteramos que sólo en la UNAM no han
encontrado lugar casi 90 mil jóvenes. Y seguramente son muchos miles más los
que no encuentran espacio para estudiar en las otras universidades de la
República.
Así que nos encontramos con la peligrosa combinación de
jóvenes profesionales desempleados y jóvenes que ven canceladas sus oportunidades
de seguir estudiando.
Me pregunto, Joaquín, si el problema de tantos jóvenes
profesionistas desempleados, de jóvenes que ya no pueden estudiar, tiene algo
que ver con el brutal desempleo que golpea a la sociedad mexicana.
Insisto, Joaquín, la sociedad mexicana ha perdido la capacidad
de generar empleos y con ello se cancela un futuro mejor para cientos de miles
de jóvenes.
Por eso es importante que se creen empleos, pero empleos
formales, razonablemente remunerados y a mediante los cuales se obtengan
prestaciones y seguridad social.
La informalidad, donde presume el gobierno que muchos viven,
ofrece la posibilidad de sobrevivir, Joaquín, pero nada más. La informalidad no
ofrece certidumbre.
El país no puede permitirse el lujo de tener una generación de
jóvenes frustrados, porque la frustración crea rencor, Joaquín.
Y todo puede ocurrir si estalla el rencor.
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