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La sede de Pedro está vacante, Joaquín.
Poco a poco se fue apagando la vida del Papa Juan Pablo II.
No soy quien para hacer una elegía de Su Santidad.
Sin embargo, Joaquín, no puedo menos que señalar que su agonía
de 24 horas y su muerte fueron un testimonio.
Un testimonio de la doctrina sostenida por la Iglesia y por el
Papa.
El derecho inalienable de toda persona a tener una muerte
digna.
Pero también, Joaquín, un testimonio de cómo deben
sobrellevarse el dolor y la enfermedad.
Dos testimonios, Joaquín, esenciales en esta época cuando de
pronto parece haber tanta confusión sobre el dolor y la enfermedad. Y sobre el
dolor y la muerte.
Ese, Joaquín, es un legado del Papa.
El dolor, a la enfermedad y a la muerte tienen que ser
aceptados.
Son una realidad.
Ese, creo yo, es el último testimonio de congruencia de su
Santidad Juan Pablo II.
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