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Hace 55 años, Joaquín, Francia, Bélgica, Alemania, Italia y
Luxemburgo, formaron una comunidad europea de carbón y acero, crearon un
mercado común de esos productos, origen y causa de tantas guerras europeas.
Luego esos mismos países crearon una unión aduanera, bajo el
principio de la libertad de movimiento fronterizo de bienes, servicios,
capitales y personas.
Dos generaciones después, Joaquín, es la poderosa Unión
Europea con 25 países miembros.
Lástima que el gobierno mexicano no nos haya sabido explicar
bien a bien que en Waco, Texas, los presidentes Bush y Fox y el primer ministro
de Canadá Paul Martin acordaron crear una comunidad de Norteamérica para el
acero, los textiles y el calzado.
En el acuerdo, Joaquín, existe el embrión de una futura
Comunidad económica de Norteamérica.
El gran pero, Joaquín, es el libre movimiento de personas a
través de las fronteras.
Para que eso ocurra, Joaquín, México necesita crear empleos
que contengan la emigración. A Estados Unidos y a Canadá les interesa pues
promover esa generación de empleos y promover el crecimiento de la economía
mexicana.
Porque si en México no se crean los empleos suficientes como
para contener la emigración a Estados Unidos, Joaquín, en tanto no haya un crecimiento
económico más parejo, será un sueño la comunidad económica de Norteamérica.
Imagínate, Joaquín, en las condiciones actuales un libre
tránsito de personas a través de las fronteras de todo Norteamérica.
Manos les faltarían a los de la migra, Joaquín, manos les
faltarían para contener el éxodo.
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