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Durante esta semana la Sección Instructora de la Cámara de
Diputados se reunirá para resolver qué sentido tendrá el dictamen sobre la
solicitud de desafuero de Andrés Manuel López Obrador.
Por razones de táctica política el tema lo han convertido en
central del quehacer político nacional.
No se trata de restarle importancia al proceso del desafuero,
Joaquín, sino de revisar sus eventuales consecuencias.
Y esas consecuencias, Joaquín, debieran preocuparnos.
Pasado mañana lo comprobaremos, pues independientemente de lo
que dictamine la comisión instructora, el clima político se va a emponzoñar.
Y ya nadie podrá plantear una opinión que no se manifieste
claramente en contra o a favor del desafuero de López Obrador.
Empezaremos a acercarnos al peligroso escenario en el cual los
actores de la política sólo se escuchan a sí mismos. Ya no escuchan a los
demás.
Cuando los distintos sectores de la sociedad, sean políticos o
económicos, dejan de escuchar a los demás, pues entonces el diálogo político se
vuelve imposible.
Y el país necesita del diálogo político para atender sus
enormes problemas.
La ruptura del tejido social por falta de diálogo político no
puede, no debe ser una opción, Joaquín.
Esta semana se decide el futuro de López Obrador, pero se
decide algo más importante todavía, algo más trascendente: las condiciones
sociales, políticas y económicas en que transcurrirá la campaña electoral del
año próximo.
Sería una insensatez utilizar la ruptura del tejido social
como táctica para ganar las elecciones de 2006.
Tristemente no sería la primera vez que los actores políticos
promueven una crisis política en beneficio personal.
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