|
Hoy conmemoramos, Enrique, el bicentenario del nacimiento de
don Benito Juárez.
Es Juárez, sin duda, una personaje central de la historia de
México, no sólo durante el primer siglo de su independencia, sino definitorio
de alguna manera del carácter liberal que dio origen al Estado Mexicano. Un
liberalismo que reconocía que en una Nación deben convivir muchas y muy
diversas formas de pensar.
Fue Juárez hombre de su tiempo y, se comportó como hombre de
su tiempo.
Y vaya que fueron tormentosos los tiempos de Juárez, tiempos
en los que la República recién mutilada por la guerra con Estados Unidos se
desgarraba en guerras civiles.
Todavía hace una década, Enrique, parecía que por fin se
atemperaban las discordias, parecía que la figura de Juárez sería finalmente
entendida en su justa dimensión, histórica y política.
Uno pensaría que a 200 años de su nacimiento debería ser
juzgado con justicia, sin divinizarlo, claro, pero tampoco sin satanizarlo. No
ha sido así, Enrique. La figura de Juárez aún es utilizada, esa es la palabra,
utilizada por todos los políticos y todos los demagogos para justificarse a sí
mismos.
Por eso cuestiones como la laicidad, supuestamente resuelta
hace 150 años, siguen siendo motivo para acalorados debates.
Pero no es por ideología, Enrique, es simplemente por mezquina
conveniencia política.
Por conveniencia política se fomenta la discordia, y otra vez,
como hace 150 años, se construyen trincheras ideológicas para enfrentar a los
mexicanos.
Todo a nombre de ideologías que sólo son el pretexto para
ganar el poder.
No hemos aprendido de la historia y estamos a punto de repetir
los mismos errores.
|