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Hay reacciones airadas, algunas muy indignadas, porque el
presidente consejero del IFE Luis Carlos Ugalde, opinó en el Senado que es
inviable la iniciativa de voto de los mexicanos en el extranjero aprobada por
los diputados.
Ayer lanzaron duras críticas, particularmente el coordinador
de los diputados priístas Emilio Chuayffet y el perredista Emilio Zebadúa.
“Nunca nos dijo que la iniciativa no era viable”. Claro que
no, Joaquín, porque Ugalde no sabía el mamotreto que aprobarían los diputados.
Sí les dijo que el proyecto que aprobaran tendría que
satisfacer las condiciones constitucionales y legales. Tendría que garantizar
el voto universal y secreto, y asegurar la limpieza electoral, la equidad y la
imparcialidad.
Y el proyecto que aprobaron los diputados no garantiza nada,
sólo problemas.
Pero no, Joaquín, los diputados ya estaban encarrerados.
Aprobaron simplemente trasplantar el sistema electoral de México a territorio
norteamericano. Lo cual como dijo Luis Ernesto Derbez, hasta problemas con EU
puede provocar.
Nuestro sistema electoral, Joaquín, es muy bueno, pero también
el más complicado, el más lleno de candados, porque nació de la desconfianza.
No aceptan los diputados que aprobaron irresponsablemente una
iniciativa incompleta, coja, imposible de llevar a la práctica.
Ni Chuayffet ni Zebadúa se quieren pelear con el Senado, pero
sí quieren quedar bien con los mexicanos que viven en el extranjero. Por eso
critican al IFE, de quien depende la limpieza en las elecciones.
A la irresponsabilidad de aprobar una ley inútil, los
diputados le suman la irresponsabilidad de cuestionar la credibilidad del IFE.
Por eso estamos como estamos.
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