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Todo parece indicarnos que el pleito entre el Presidente
Vicente Fox y el jefe de gobierno del DF Andrés Manuel López Obrador estaría a
punto de entrar en una especie de tregua.
Después de que ayer anunciara la Presidencia que no volverá a
tocar el tema del desafuero del jefe de gobierno del DF, López Obrador, se
mostró desconfiado.
No sé si sea desconfianza, Joaquín. Quizá en el fondo el señor
López Obrador quisiera que la Presidencia siguiera hablando sobre el tema,
después de todo esa discusión que parecía interminable le ha permitido estar
todas los días en las noticias y, de paso, convencer a no sé cuántos mexicanos.
Como sea, Joaquín, ojalá y la Presidencia deje el tema, tema
que al final de cuentas está en las manos de la comisión instructora de la
Cámara de Diputados, instancia política que dentro de unas semanas deberá
decidir si se quita o no el fuero a López Obrador.
Ahora falta que también se callaran Santiago Creel y Manuel
Espino. Harían mal en seguir con el pleito, pues justo o injusto, el desafuero
ya siguió cauces legales y los diputados decidirán.
Lo más razonable sería que tanto los partidarios del señor
López Obrador como los partidarios del Presidente Fox respetaran la tregua.
Porque, aunque López Obrador lo dijo con otra intención, es
cierto que entre nosotros, aunque creamos que el escándalo es democrático,
siempre debemos tener presente que no debemos vernos como enemigos, sólo como
adversarios.
Ojalá, Joaquín, que tanto el jefe de gobierno como el
Presidente se bajen del ring.
Ojalá, aunque, la verdad, tengo mis dudas.
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