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Hace ya muchos años, viejos colaboradores de Adolfo López
Mateos me contaban que alguna mañana vieron al entonces Presidente de México
ojeroso y con mal semblante.
Le preguntaron si había dormido mal. La respuesta de López
Mateos fue contundente:
“No pude dormir, porque esta mañana tengo que recibir al
embajador de Estados Unidos”.
Recordé esta vieja anécdota porque mañana, Joaquín, estará en
México la Secretaria de Estado de Estados Unidos, la poderosa Condoleezza Rice.
Se equivoca el Presidente Fox cuando atribuye las
declaraciones de la embajada norteamericana y las críticas de otras oficinas
del gobierno de Washington como “falta de control de Bush sobre su equipo”.
La política exterior de Estados Unidos es, como debe ser, una
extensión de su política interna. Cometen errores, es cierto, pero es una
maquinaria bien aceitada. Nada se deja a la casualidad.
Algunos analistas consideran que la visita de la señora Rice
es sólo de cortesía, porque no viene a suscribir acuerdos. Se equivocan, viene
a definir la agenda de la entrevista Bus-Fox.
A recordarle al gobierno mexicano que la prioridad para
Washington es la seguridad de sus fronteras, no ningún acuerdo migratorio.
Lo malo es que el gobierno de México ya no tiene la palanca
negociadora que significaban sus buenas relaciones con Cuba.
Y se entienden lo que ocurre en Estados Unidos y el
mundo, quizá esta noche también deberían perder el sueño en Los Pinos, pero
también en la cancillería.
Si no lo entienden, Joaquín, dormirán tranquilos, como
duermen los niños.
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