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Ayer, el director de Pemex Luis Ramírez Corzo nos dijo que, de
persistir la situación actual de la empresa petrolera, en 10 años seremos
importadores de petróleo.
El problema todos lo conocemos. Pemex no tiene dinero para
invertir en exploración y explotación de nuevos yacimientos.
Y no tiene dinero porque se le quita en impuestos más de lo
que gana. Por cada 100 pesos de utilidades, Joaquín, Pemex paga 114 pesos de
impuestos.
Eso no lo resiste ninguna empresa del mundo.
Pero el gobierno necesita el dinero de Pemex para pagar su
gasto. Hasta los gobernadores pelean su tajada del dinero del petróleo.
Pero nadie quiere hacer una reforma fiscal que le daría más
dinero al gobierno y le dejaría más dinero a Pemex.
Y tampoco nadie quiere cambiar la ley para que haya inversión
privada en la explotación del petróleo.
Los políticos de todos los partidos están demasiado ocupados
en sus batallas por el poder como para perder el tiempo en minucias, como sería
el futuro de la Nación.
Porque si México tuviera que importar petróleo, en las
condiciones actuales, México empezaría a perder viabilidad. Perder el petróleo
es perder la única palanca que le permite a México negociar con el mundo globalizado.
Pero las élites prefieren discutir la reconstrucción del
Estado.
Un Estado que sin petróleo, Joaquín, sería como un castillo de
arena.
Se derrumbaría con el paso de la primera ola.
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