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He visto comparecencias de los secretarios de despacho del
gabinete presidencial desde hace muchos años. Y creo que son un ejercicio
inútil y desgastante de retórica.
No pueden ser de otro modo con el formato que han tenido
siempre.
Pregunta cada legislador. Y en el tiempo límite asignado se
lanzan verdaderos rollos. Contesta el Secretario que comparece en un tiempo
límite. Y luego otra vez, el mismo legislador le dice hasta de qué se va a
morir el funcionario.
Confieso que el formato me ha disgustado siempre, desde la
época de los gobiernos priístas, pues desde entonces se seguía el mismo
procedimiento.
Y me disgusta, Joaquín, porque no es un intercambio de ideas,
no hay discusión.
Quizá estoy influenciado por las comparecencias de los
miembros del gabinete en Estados Unidos.
Cada legislador puede hacer tantas preguntas como pueda en el
tiempo que se le asigna. La comparecencia se vuelve una verdadera discusión
entre el legislador y el funcionario. Aquí no.
Allá en Washington las comparecencias se realizan en varias
sesiones, y la duración de cada sesión no es más de tres horas. Así las
sesiones de las comparecencias pueden llevarse varios días.
Aquí no, aquí todo tiene que ser en una sola sesión.
Es un procedimiento sádico, porque el funcionario tiene que
permanecer horas y horas de pie en la tribuna, mientras los legisladores están
cómodamente sentados.
Vamos, ni siquiera tiene tiempo para ir al baño.
Las comparecencias han sido y son un foro para interminables
rollos que no sirven para nada.
Insisto, en su formato actual, las comparecencias son
ejercicios desgastantes e inútiles.
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