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Hace poco más de 20 años, un gobernador de Jalisco, Álvarez
del Castillo, creo, recibió a los dirigentes más importantes de un municipio de
la entidad.
En pocas palabras, le dijeron que no los forzara a una
elección interna para elegir candidato a alcalde, porque sólo los dividiría y
se perdería la elección.
¿Acaso no son ustedes capaces de ponerse de acuerdo después de
la elección interna?, les preguntó. ¡Claro que sí, gobernador! Nosotros sí
podemos ponernos de acuerdo, pero no nuestros seguidores, los cuales quedarán
irremediablemente divididos por la lucha interna.
Álvarez del Castillo designó candidato a alcalde y ganó la
elección.
Es una lección que alguien debería contárselas a los priístas
que han iniciado un pleito. Es una lección que ya aprendió el PRD, donde los
candidatos de unidad parecen ser la regla.
Sin elecciones internas todavía, en el PRI el pleito de
Roberto Madrazo y Arturo Montiel amenazan con hacer polvo las aspiraciones
priístas de volver a Los Pinos.
Se equivocaron Madrazo
y Montiel al escuchar a sus más exaltados asesores. Más adelante ellos podrán
ponerse de acuerdo, pero ¿y sus seguidores?
Será irremediable una fractura si los priístas no resuelven
sus pleitos internos.
Ahora tendrán que probar que, como dicen, sí saben hacer
política, que no necesitan la tutela del Presidente de la República.
Si no resuelven el pleito iniciado a finales de la pasada
semana, Joaquín, desde ahora podrían haber perdido las elecciones
presidenciales de 2006.
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