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Se armó escándalo por el suicidio de una niña, una víctima más
de las actividades del narcotráfico.
Pero ya pasó la conmoción.
La semana pasada se dio a conocer una terrible estadística: el
10 por ciento de los alumnos de secundaria en el Distrito Federal han consumido
o consumen alguna droga.
Y ya pasó la conmoción.
El famoso narcomenudeo y la venta de droga a niños y jóvenes,
Joaquín, tristemente no es un asunto nuevo.
Es un tema recurrente, pero no está entre los temas que se
someten al debate público. Trágicamente el narcomenudeo es un problema que se
extiende cada vez más en las ciudades de México.
No podemos hacer nada porque es del fuero federal, alegan las
autoridades estatales y municipales, pero sus policías si pueden cobrarle
protección a los miles de expendios de droga que existen en el DF y en muchas
otras ciudades.
Hace ya casi tres años nos dijeron que se cambiaría la ley
para que todas las policías pudieran combatir el narcomenudeo.
Y no se ha cambiado la ley.
Muy grave y peligroso para la seguridad nacional que haya
existido una presunta infiltración del círculo interno de Los Pinos.
Pero es igualmente peligroso para la seguridad nacional que
las vidas de miles de niños y jóvenes sean destruidas todos los días por las
mafias del narcomenudeo, niños y jóvenes de todas las clases sociales, Joaquín.
Eso, Joaquín, a nadie parece importarle, porque nadie hace
nada.
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