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Mañana, al celebrar el aniversario 88 de la promulgación de
nuestra Constitución Política
seguramente se retomará el tema de la reforma del Estado.
En esta misma fecha, hace ya cuatro años, el gobierno del
Presidente Fox propuso una revisión integral de la Constitución vigente. En
cuatro años no se hizo nada.
No estoy tan seguro que necesitemos una nueva Constitución,
eso sería algo así como derrumbar todo el entramado legal e institucional para
construir uno nuevo.
¿Cómo creer que los funcionarios foxistas y los dirigentes
políticos se van a poner de acuerdo sobre qué forma de gobierno tendremos, qué
hay que quitarle a la Constitución y que cosas nuevas se le agregarán?
¿Cómo creerles si ni siquiera se han podido poner de acuerdo
para empezar a hacer una reforma fiscal, si no pueden ponerse de acuerdo para
hacer algunos cambios a la ley laboral?
¿Cómo creerles si no han podido ni siquiera poner en marcha
una reforma energética, ni siquiera modesta, para evitar crisis futuras en
materia de energía?
¿Cómo creerles si en los últimos meses se han dedicado a
atacar tres instituciones que son fundamentales para la tranquilidad social,
como la Suprema Corte de Justicia, el Instituto Federal Electoral y el Tribunal
Federal Electoral?
¿Cómo creerles que serán capaces de construir un nuevo
edificio constitucional?
En un clima social y político tan enconado, con las ambiciones
de poder descobajas, puede pasar que, como dicen, nos salga más caro el caldo
que las albóndigas.
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