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No pasarán muchas semanas para que llegue al Congreso de
Estados Unidos la propuesta migratoria anunciada anoche por el Presidente
norteamericano George Bush.
Esa propuesta dista mucho de satisfacer las aspiraciones de
los millones de mexicanos que trabajan en Estados Unidos de manera ilegal.
Y, por supuesto, dista mucha de satisfacer las ambiciosas
metas que se había fijado el gobierno del Presidente Fox.
Obviamente es una propuesta que busca satisfacer las
necesidades de mano de obra que tienen las empresas norteamericanas, pero no se
ofrece ningún mecanismo para legalizar la estancia de los millones de mexicanos
que, aunque ingresaron ilegalmente a Estados Unidos, ya tienen varios años
viviendo y trabajando en territorio norteamericano.
Y Bush fue muy claro. No habrá amnistía para los ilegales.
Se trata, pues, de un programa de trabajadores temporales,
quienes serán contratados por las empresas norteamericanas en un programa muy
similar al que ya existe en Canadá desde hace varios años.
La consecuencia lógica del programa de trabajadores temporales
y del objetivo del gobierno de Estados Unidos, de darle seguridad a sus
fronteras, podría crear todavía más dificultades para los mexicanos indocumentados.
Como se dijo en este espacio hace varias semanas, el gobierno
mexicano no podrá hacer nada para evitarles más dificultades y llegará el
momento en que, si el programa de trabajadores temporales se aprueba, tendrá
que decidir si firma el acuerdo.
En las circunstancias actuales no le quedará otro remedio que
aceptar el acuerdo.
Y conformarse apenas un trocito de la enchilada.
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