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Hoy tomó posesión George W. Bush, como presidente de Estados
Unidos.
Es su segundo período en la Casa Blanca y muchos esperan que
haya ajustes a la política llevada después de los atentados del 11 de
septiembre.
Es de interés para México que en este nuevo período Bush esté
dispuesto a tener algún arreglo migratorio con nuestro gobierno, porque en
Estados Unidos viven en la ilegalidad más de tres millones de mexicanos, aunque
algunos dicen que podrían ser hasta seis millones.
Y porque esos millones de mexicanos enviaron sólo el año
pasado más de 17 mil millones de dólares a sus familias en México. Dólares que
han servido, Joaquín, para aliviar la miseria de quienes esas familias.
Desafortunadamente para nosotros cualquier arreglo migratorio
está fuera de nuestro control. Como ese arreglo exige modificaciones a las
leyes norteamericanas, está en manos del Congreso de Estados Unidos.
Aquí podremos pronunciar muchos discursos, podremos hasta
exigir el cumplimiento de la palabra, como lo hiciera el Secretario de
Gobernación Santiago Creel, pero al final del día serán ellos, los legisladores
de Estados Unidos, quienes decidirán qué tipo de arreglo migratorio están
dispuestos a ofrecer.
Y al gobierno de México y a los mexicanos no nos quedarán
muchas opciones.
En realidad no habrá más que dos sopas: o aceptamos el
acuerdo migratorio que apruebe el Congreso de Estados Unidos o lo rechazamos.
Y será muy fácil decidirnos. Bastará con preguntarnos si
queremos facilitar la estancia de los indocumentados o si queremos seguir
aceptando que los persigan por violar las leyes norteamericanas.
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