|
Se han reanudado las actividades de la sección instructora de
la Cámara de Diputados que revisa el caso del desafuero de Andrés Manuel López
Obrador. Y de inmediato López Obrador se lanza a la ofensiva.
Es un asunto político, repite todas las mañanas en sus
conferencias de prensa el jefe de gobierno. Claro que es un caso político, como
lo son todos los asuntos que se desahogan en la Cámara de Diputados, pues el
Congreso de la Unión es un foro político.
En las siguientes semanas los partidos representados en la
Cámara de Diputados tendrán que decidir si le quitan el fuero a López Obrador.
La clave está entre los diputados priístas. De lo que ellos
decidan dependerá la suerte del jefe de gobierno del DF.
Y los priístas hacen cuentas.
Saben que en las
elecciones de 2000 los derrotó una formidable corriente de voto antiPRI.
Saben que el voto antiPRI no ha desaparecido y se preguntan si
lo pueden dividir.
Si López Obrador es desaforado, el voto antiPRI se puede ir al
PAN. Y se reducirían las posibilidades de que los priístas volvieran a Los
Pinos.
Pero si López Obrador es candidato presidencial, el voto
antiPRI se dividiría, alegan muchos priístas. Y el PRI podría ganar la
Presidencia en 2006.
Si esas cuentas son correctas, Joaquín, el PRI no sólo tiene
en sus manos el desafuero de López Obrador, tiene en sus manos la ocasión de
facilitarse el camino a Los Pinos.
Claro, las cuentas pueden fallar, como le fallaron a Labastida
en 2000.
|