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Se ha dicho que cuando menos un centenar de reclusos del penal
de alta seguridad de La Palma están en huelga de hambre.
¿Qué reclaman?
Pues que se han implantado medidas muy rigurosas para evitar
que los presos posean y utilicen teléfonos celulares, se las ha restringido la
comunicación con el exterior y quienes los visitan son sometidos a revisiones
muy estrictas.
Son medidas, Joaquín, que debieron aplicarse siempre. Vamos,
ni siquiera son medidas correspondientes a un penal de alta seguridad, deberían
ser aplicadas en todos los penales.
Los presos que según dicen están en huelga de hambre en La
Palma, Joaquín, están entre los criminales más peligrosos del país, y ahora
resulta que reclaman la restitución de privilegios que nunca debieron tener.
Nadie, por supuesto, quiere que los reos sean maltratados o
sometidos a régimen de pan y agua, pero si que estén sometidos a un régimen que
cuando menos intente impedirles que desde el interior de los penales continúen
con sus actividades delictivas.
Pero, claro, reclaman los privilegios que nunca debieron tener
porque su dinero les ha costado. Y a eso se reduce todo, Joaquín, a la
corrupción que corroe no sólo al sistema carcelario común, sino que por tibieza
se dejó llegar hasta los penales de alta seguridad.
Ojalá y las autoridades federales no flaqueen, Joaquín. Ojalá
y no se asusten por las presiones o acusaciones en los medios.
Sería una derrota de toda la sociedad, y habrán ganado los
capos de la delincuencia organizada.
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