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El mundo, Joaquín, ha quedado horrorizado por el desastre
provocado por el maremoto en Asia.
Las escenas de desolación, de muerte y los millones de
damnificados, principalmente en la península de Aceh en Indonesia, han movido a
la generosidad de decenas de millones de personas en todo el mundo.
Pero ha pasado el asombro, al menos para las fuerzas políticas
en Indonesia.
Allí en Indonesia hay una batalla contra las guerrillas que
han entablado una lucha sangrienta contra el gobierno de Indonesia, tan
sangrienta que desde hace tiempo la península de Aceh está de alguna manera
aislada.
Ahora, por encima de los criterios humanitarios, Joaquín, se
imponen las prioridades de la lucha contra la guerrilla.
El gobierno de Indonesia, ante recientes tiroteos con los
rebeldes, ha advertido que no puede garantizar la seguridad de los cuerpos de
rescate y ayuda.
No sólo eso, Joaquín. Entre la población de la península de
Aceh se ha hecho correr el rumor de que la presencia de tropas extranjeras es
el principio de una ocupación.
El resultado es que el gobierno de Indonesia ha lanzado dos
advertencias: una que no puede garantizar la seguridad de las brigadas de
rescate y la otra que antes de marzo tendrán que salir de su territorio todas
las tropas extranjeras, aunque hayan ido a ayudar.
Ni la enormidad de la tragedia, ni la posibilidad de que
cientos de miles de personas puedan morir de hambre o por enfermedad conmueve
los corazones de los fanáticos que ambicionan el poder.
No cabe duda, Joaquín, el hombre es el lobo del hombre.
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