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La controversia constitucional interpuesta por el Presidente
Fox contra el presupuesto de egresos aprobado por la Cámara de Diputados se ha
convertido en una encendida polémica.
Esa controversia no sólo es un episodio más de la cadena de
escándalos que marcan la política nacional. Esa controversia definirá para este
y los siguientes sexenios las facultades de Ejecutivo y las facultades del
Legislativo.
Desafortunadamente, cuando la controversia apenas empieza a
transitar en el proceso constitucional, se ha convertido en una cadena de
errores. Y, como salvo la Suprema Corte de Justicia, nadie más quiere reconocer
sus errores, pues todo se vuelve declaraciones, declaraciones cada vez más
desafiantes, cada vez más agresivas.
Es cierto, Joaquín, poco ayuda la tendencia al protagonismo de
los ministros de la Suprema Corte. Como se ha dicho en este su espacio, ese
protagonismo le resta seriedad a la tarea del tribunal constitucional.
Pero también es un error que el Ejecutivo y los políticos de
todos los partidos hagan declaraciones que sólo atizan el fuego de la polémica.
Todos, Joaquín, los ministros de la Suprema Corte fascinados
por los reflectores, el Ejecutivo que los metió en la pelea, y agresivos los
políticos de todos los partidos, están obligados a callarse por un tiempo.
Hay que darle a la Corte el tiempo para analizar la
controversia y resolver lo que mejor convenga a la República, no lo que mejor
convenga a los intereses del momento del Ejecutivo, del Congreso, o de los
partidos políticos.
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