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Al arranque del año se ha desatado una encarnizada polémica
por los comerciales patrocinados por la Cámara de Diputados, comerciales en los
que se recuerdan las acaloradas frases que en defensa de la autonomía del Poder
Legislativo pronunciaron cuando fueron diputados el Presidente Fox y el
Secretario de Gobernación Santiago Creel.
El Ejecutivo no ha dicho esta boca es mía, pero el partido
Acción Nacional ha utilizado todos los medios para cuestionar dichos
comerciales. Dice el PAN que esos comerciales son partidistas y pueden tener
razón.
Pero esta es apenas una más de las polémicas que
atestiguaremos este año, Joaquín.
Preocupa más el afán de todos los partidos por desprestigiar a
las instituciones de la República.
Ya no sólo se trata de ataques a la Suprema Corte de Justicia,
el árbitro constitucional, sino que persisten los ataques al Instituto Federal
Electoral y al Tribunal Federal Electoral.
Si se mina la credibilidad del IFE, se perderá la confianza en
las elecciones. Si se mina la credibilidad en el Tribunal Federal Electoral se
ponen en duda los fallos sobre los resultados electorales.
Si se pierde confianza en las elecciones y si se duda de los
resultados, Joaquín, se cancelan simultáneamente las posibilidades de tener
unas elecciones tranquilas, una transmisión de poder pacífica y ordenada.
Los partidos, todos, juegan con fuego, Joaquín.
Y parece no importarles el riesgo de que la campaña y las
elecciones de 2006 ocurran en un clima de violencia.
Y esa, Joaquín, es una irresponsabilidad, una peligrosa
irresponsabilidad.
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