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Ya está en la Suprema Corte de Justicia la controversia
constitucional por el Presupuesto.
Y, como era de esperarse, ha empezado la guerra de
declaraciones.
Declara y aclara el Ejecutivo, presiona el Presidente y
explica el Secretario de Gobernación, en todos y por todos los medios.
Los diputados de oposición, seguros de tener la razón, no se
quedan atrás y se lanzan al pleito en los medios, porque tal parece que la
controversia constitucional por el presupuesto se decidirá en los medios, no en
la Suprema Corte de Justicia.
Hay tal tormenta política, Joaquín, que como nunca los
ministros de la Suprema Corte están obligados a mantener la serenidad.
Y, sobre todo, a mantenerse al margen del pleito mediático en
que están metidos el Ejecutivo y la Cámara de Diputados, porque al final de
cuentas los ministros de la Suprema Corte son los custodios del orden
constitucional.
Y como custodios del orden constitucional, los ministros de la
Suprema Corte están obligados a ser muy discretos, a no enconar el pleito con
declaraciones ni con adelantos de cómo serían sus decisiones.
Ah, pero por lo visto la tentación de los micrófonos y las
grabadoras, la tentación de estar en las primeras planas es mucha.
Ya empezaron las filtraciones sobre el trato que se dará a la
controversia.
Mal asunto cuando los custodios del orden constitucional no
son capaces de ser discretos, no son capaces de callarse, y con su protagonismo
pueden complicar asuntos que por ser constitucionales son serios, muy serios,
Joaquín.
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