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En estos últimos días del año, Joaquín, cuando ya la
preocupación de la mayoría de los mexicanos no es precisamente la política, los
políticos se empeñan en atraer nuestra atención.
Pienso que esa disputa entre el Ejecutivo y el Legislativo por
el tema del presupuesto puede esperar. Al final de cuentas sí habrá presupuesto
el próximo uno de enero y será la Suprema Corte de Justicia la que decidirá
quién tiene la razón en ese pleito.
Pero, Joaquín, la mayoría de nosotros ya estamos en esa nostalgia
que nos invade cada fin de año. Una nostalgia que es simultáneamente repaso de
los pasados doce meses, pero también un ejercicio de esperanza, porque aunque
presumamos de realistas en el fondo, Joaquín, a todos nos gustaría creer que es
cierto aquello de Año Nuevo, vida nueva.
Así que la mayoría seguramente preferirá ignorar los esfuerzos
de los políticos por convencernos que los temas que ellos discuten son los más
importantes.
Por favor, ¿cómo van a ser más importantes los temas de los
políticos que encontrar la fórmula mágica para que el aguinaldo alcance para
cubrir las exigencias de la navidad y de la reunión del año nuevo?
¿Acaso no se han dado cuenta los políticos que la mayoría se
mantiene alejado de los temas de la política porque eso les permite mantener la
salud mental?
Aunque tantos y tantos quieren que siempre estemos tristes,
Joaquín, nosotros siempre nos daremos el tiempo para festejar.
¿Y mañana? Bueno, mañana ya veremos...
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