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Hoy se cumplen 10 años de aquella crisis que estuvo a punto de
disolver los cimientos económicos de la Nación.
Algunos le han llamado el error de diciembre, como si una sola
acción hubiera provocado aquella crisis.
No fue así, Joaquín, nunca ha sido así. Crisis semejantes
ocurren porque se suma una cadena de errores, de omisiones, de cálculos mal
hechos.
Aquella crisis, sin duda la peor que ha sufrido la Nación, sin
embargo, Joaquín, se prolongó por no más de 18 meses, pero sus efectos en el
ámbito individual fueron devastadores.
Durante aquella crisis se gestaron las derrotas del PRI en las
elecciones legislativas de 1997 y luego la pérdida de la Presidencia de la
República.
Pero ojalá y esas hubieran sido las únicas consecuencias de la
peor crisis financiera que ha tenido México.
La crisis golpeó a lo largo y lo ancho de la sociedad
mexicana.
Si alguien duda de lo fuerte que golpeó esa crisis, bastará
con que consulte algunos de los foros periodísticos de hoy, en los que tantos
ciudadanos expresan su opinión sobre la crisis de 94, sobre los protagonistas
de la crisis de 94.
Esos mensajes muestran cuánta rabia persiste todavía, Joaquín.
Y esa rabia, sin duda, tendrá manifestaciones en la política,
en los distintos partidos.
Crisis como aquella, Joaquín, debieran servirnos para aprender
lecciones, nada más.
Lo malo es que se utilizan para sembrar enconos y rencor.
Y sembrar rencor, Joaquín, es como sembrar vientos, siempre se
cosecharán tempestades.
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