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Al parecer, Joaquín, el asesinato contra Enrique Salinas de
Gortari, hermano del ex presidente, nada tiene que ver con asuntos políticos,
como tantos temimos al saber del crimen.
Se han acumulado ya muchas evidencias, pero sólo los
investigadores a cargo del caso podrán encontrarle sentido a todas.
Pero también se han desatado las especulaciones. Es una
tentación difícil de resistir, Joaquín, especialmente cuando se trata de un
familiar tan cercano del ex presidente Salinas. Pero las especulaciones pueden
ser erróneas, por aquello que la imaginación es la loca de la casa y tejer en
torno al crimen leyendas que luego no se deshacen.
Confieso que me conmovió, Joaquín, la carta hecha pública.
Y no es materia de este comentario intentar esclarecer a qué
presiones, a qué filtraciones se refería en esas que fueron quizá sus últimas
palabras.
No soy quien para juzgar los asuntos que le provocaron una
situación de tal acoso. Menos, Joaquín, para revisar la vida personal y
profesional del señor Enrique Salinas de Gortari.
La carta me conmovió porque en esos terribles últimos momentos
de su vida, Joaquín, pensó en su familia, en sus hijos.
Habla de graves
peligros e inseguridad para sus hijos. Lo menciona cuando menos en dos
ocasiones, Joaquín.
Es la carta de un hombre terriblemente angustiado.
La carta de un hombre trágicamente angustiado, Joaquín, pero
angustiado por sus hijos.
Es la carta de un padre de familia asustado por lo que pueda
ocurrirle a sus hijos.
Eso, Joaquín, creo tiene algún valor.
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