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Ayer el director de Pemex Luis Gutiérrez Corzo nos dio una
mala noticia, como si nos hicieran falta.
Dijo que la situación financiera de Pemex es crítica, “está
muy cerca de perder su patrimonio”, aseguró.
Pero el último estado financiero muestra que al 30 de
septiembre Pemex tuvo utilidades por 325 mil millones de pesos, pero también
muestra que el gobierno federal le cobró impuestos por 339 mil millones de
pesos. Así, lo que era ganancia se convirtió en una pérdida de poco más de 14
mil millones de pesos, más de mil millones de dólares.
Así, francamente, Joaquín, no se puede. Esos impuestos no hay
empresa que los aguante.
Y todavía se nos ha dicho que un plan aprobado para ahorrar
gasto en el transporte hará que Hacienda le reclame más impuestos.
Ahora dicen que a Pemex le falta dinero, precisamente en un
año que tuvo ingresos extraordinarios por el alto precio del petróleo.
Seguramente se refieren a dinero de particulares,
preferentemente del extranjero.
Y todo porque el gobierno federal ha sido incapaz de negociar
alguna forma de reforma fiscal. Y los diputados y senadores no se han atrevido
a hacer esa reforma.
Mientras el gobierno y el Congreso se gastan alegremente los
recursos provenientes de petróleo, el país, según dice el director de Pemex,
está a punto de perder la única palanca de negociación que tiene en el campo
internacional.
Y ya empezamos a sentir los efectos de la cruda provocada por
ese alegre despilfarro, Joaquín.
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