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Nuevamente el ambiente político y social se tensa por la
confrontación entre el Ejecutivo y el gobierno de la ciudad de México.
El cese de Marcelo Ebrard como jefe de la policía del Distrito
Federal ha emponzoñado aún más las relaciones entre el gobierno de la República
y el de la capital de la República.
Calculó el Jefe de Gobierno del DF que el Presidente Fox no se
atrevería a cesar a Ebrard. Calculó mal. Y se ha ahondado la brecha entre Los
Pinos y el Zócalo.
Pero como si faltara poco para enrarecer el ambiente político
y social, Joaquín, ha sido asesinado Enrique Salinas de Gortari, hermano del ex
presidente Salinas.
Se trata, al parecer, de un crimen deliberado, con propósitos
aún no muy claro.
Lo peor que podría pasar es que se trate de un crimen con
móviles políticos.
Si así fuera, estaríamos en camino de recrear aquel terrible
año de 1994, cuando las élites políticas abandonaron la negociación y el
compromiso y volvieron a resolver sus conflictos mediante asesinatos.
Ojalá, Joaquín, y los móviles del crimen contra el hermano del
ex presidente Salinas estén relacionados con los problemas financieros que
tenía.
Si el crimen hubiera sido político, sería una expresión de las
crecientes tensiones políticas y sociales y la República entraría otra vez en
una espiral de violencia.
En 1994, una Presidencia de la República muy fuerte impidió
que la violencia política trastornara toda la vida nacional.
Ahora, en 2004, ¿estamos seguros de que tenemos una Presidencia
muy fuerte?
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