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El compromiso del gobierno del Presidente Fox es que todos los
involucrados en los linchamientos de Tláhuac serán castigados. Ya se anunció
que a los 29 ya consignados se sumarán otros 20 participantes del brutal
asesinato de agentes de la policía federal preventiva.
El horror manifestado por la opinión pública ha movilizado a
las autoridades. Y, mientras la Procuraduría General de la República termina la
averiguación, al menos se tiene una relativa seguridad de que no quedarán
impunes los asesinos.
Han pasado 10 días desde aquel martes negro, Joaquín. Y como
el asunto ya se volvió pleito entre autoridades y políticos, no se ha
reconocido la tarea de los tres agentes agredidos.
Hace más de 15 años, cuando fue asesinado en Guadalajara Enrique
Camarena, agente encubierto de la DEA, a su funeral en San Diego acudieron
altas autoridades federales y hasta el gobernador de California. Aquello fue un
funeral de héroe, Joaquín.
Quizá porque héroes son aquellos que, aún mal pagados,
realizan una tarea en la que arriesgan la vida. Y nunca se les pagará lo
suficiente por cumplir con su deber.
Camarena insisto, recibió honores de héroe.
Aquí, Joaquín, ninguna alta autoridad acudió al funeral de los
dos agentes de la PFP asesinados.
Ni siquiera muertos se les dio un reconocimiento adecuado por
la ingrata tarea que les costó la vida. Me pregunto cuántos agentes de la PFP
se preguntarán si vale la pena hacer bien su trabajo.
Qué vergüenza.
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