|
Decía el filósofo inglés Bertrand Rusell que para que un
pueblo pueda vivir plenamente en una democracia primero tiene que aprender a
perder.
Pues estamos lejos de una democracia plena, Joaquín, al menos
culturalmente, porque los políticos y los partidos mexicanos no han aprendido a
perder.
Ya se ha comentado en este tu espacio la tendencia a
convertir en rutina el reclamar los resultados electorales hasta el máximo
tribunal electoral, el Tribunal Federal Electoral.
Eso le ha dado a ese tribunal un poder que, por supuesto, no
fue previsto cuando se creó.
Y lo peor, Joaquín. Tal parece que los magistrados del
Tribunal Federal Electoral empiezan a disfrutar del poder que se les ha
conferido. Tanto lo disfrutan que han olvidado la discreción y el sigilo con
que deben manejarse los asuntos a su cargo.
Los magistrados se han infectado de protagonismo, el
suficiente como para que con anticipación se empiecen a filtrar sus decisiones,
muchos días antes de que sean adoptadas.
Hoy se revela que alguno de ellos se refirió al fallo sobre
alguna de las elecciones de gobernador y comentó que “nos preparamos para la
tormenta que viene”.
Eso le resta majestad al máximo tribunal electoral, al
tribunal cuyos fallos son inapelables, inatacables.
Es una pena que los mismos magistrados del Tribunal
Federal Electoral hayan empezado a devaluar la dignidad de su cargo
Y, que se comporten como aquel clásico que dijo: “nos ganan
los micrófonos”.
|