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El señor Donald Johnston, secretario general de la OCDE, nos
trajo una receta con el sello de gran novedad y dijo: México tiene que hacer
que todos los que están en la economía informal pasen a la economía formal.
En lo que sí tiene razón, Joaquín, es en que la economía
informal ya es un problema económico y, sobre todo, un problema fiscal. Ha
crecido tanto que, según algunos ya significa más del 40 por ciento de la
economía nacional. Pero, insisto, Joaquín, no paga impuestos.
Carlos Abascal, el secretario del Trabajo, habló ayer sobre el
tema e insistió en que el problema del empleo y la economía informal se tiene
que resolver a la mexicana.
Tiene razón, Joaquín, porque las sucesivas crisis económicas y
ahora el estancamiento en el crecimiento de la economía nacional, en otro país
ya hubieran provocado graves conflictos sociales y políticos.
Aquí no ha ocurrido así, Joaquín, porque las tensiones
sociales han tenido dos grandes válvulas de escape, la economía informal y la
emigración a Estados Unidos.
Posiblemente a esa fórmula mexicana contra el desempleo se
refería el señor Abascal. La fórmula que ha impedido que esto reviente.
Fórmula que por lo visto el señor Johnston no conoce, porque
si la conociera no hubiera venido a México a ofrecernos con tanto entusiasmo su
receta, el mismo entusiasmo que debe haber tenido en su momento el que inventó
el agua tibia.
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