|
Ahí tenemos ya el juicio de desafuero de René Bejarano
Martínez, diputado local con licencia y ex secretario particular de Andrés
Manuel López Obrador.
El caso, Joaquín, ha recibido mucha atención, quizá demasiada.
Es el primer caso de desafuero desde que el 30 de julio de
1983 fuera desaforado el senador Jorge Díaz Serrano.
Muchos alegan, quizá con razón, que se trata de un juicio
político no solamente contra Bejarano, sino también contra López Obrador.
Por supuesto que es un juicio político, todo lo que revisa,
evalúa, debate y vota la Cámara de Diputados es asunto político, porque la
Cámara es una representación política de la Nación.
Es posible que tengan razón al aducir que se trata de una
maniobra contra López Obrador. Pero el hecho es que, si de verdad es una
maniobra contra López Obrador, de nada habría servido si no hubiéramos tenido a
René Bejarano en televisión nacional. Embolsándose el dinero y hasta llevándose
las ligas que sujetaban los fajos de billetes.
Es un complot contra el proyecto de nación de López Obrador,
alegaba esta mañana Bejarano. Es posible.
Pero el complot funcionó porque él, Bejarano, se embolsó el
dinero de Carlos Ahumada.
Y no es un error, es un acto de flagrante corrupción.
Corrupción, Joaquín, nada más, pero nada menos.
Así que no salga ahora Bejarano como en la canción del
gusanito.
Nadie me quiere, todos me odian.
|