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El sistema electoral de Estados Unidos es muy complejo, no
cabe duda, Joaquín, pues en realidad es una elección presidencial indirecta, ya
que quienes realmente eligen al nuevo ocupante de la Casa Blanca son los 538
electores, repartidos entre los Estados de acuerdo a su población.
Es un sistema complejo, pero con ese sistema los
norteamericanos han hecho funcionar su democracia.
El problema central, Joaquín, es que Estados Unidos llega a
esta elección presidencial con su población más dividida que cuando la guerra
de Vietnam.
Todos tienen la esperanza de que hoy se resuelva quién ocupa
la Casa Blanca, que saberlo no requiera como hace cuatro años de un proceso
legal que en 2000 exigió de casi un mes, porque eso ahondaría las divisiones ideológicas
que podrían debilitar a Estados Unidos.
Quien quiera que gane la Casa Blanca, Joaquín, tendrá que
ofrecerle a Estados Unidos un gran liderazgo, para unificar a la nación y
evitar su debilitamiento.
Pero, Joaquín, los antiyanquis no deben entusiasmarse, porque
los norteamericanos han demostrado a lo largo de su historia su admirable
capacidad para superar sus divisiones internas.
Como sea, los mexicanos, al final de cuentas, seguiremos
siendo vecinos de Estados Unidos.
Y sabemos bien que eso es como dormir junto a un elefante. Y
que si se da vuelta, nos aplasta.
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