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Las palabras, Joaquín, se ha dicho muchas veces, no son
inofensivas. A veces lo que se dice suele tener efectos y consecuencias que no
se previeron.
Así, Joaquín, durante la reunión del Comité Ejecutivo Nacional
del PAN, el Presidente Vicente Fox, se dejó arrebatar por la calidez del
recibimiento que le dieron los panistas.
Y en un arrebato, les dijo que podían estar seguros de que el
tribunal federal electoral fallaría a favor del PAN y desconocería el triunfo
del PRI en las elecciones de Veracruz.
No midió el alcance de sus palabras y el resultado, Joaquín,
de esas palabras presidenciales ha sido otro escándalo más. Los priístas le
reclaman al Presidente que le da línea el Tribunal Federal Electoral.
Y los magistrados del tribunal tuvieron ayer que emitir un
comunicado en el que se justifican por sus decisiones, y explican que sus
fallos siempre son imparciales, sólo apegados a la ley. La promesa hecha por el
Presidente Fox a los panistas ha colocado contra la pared a los magistrados del
Tribunal Federal Electoral.
Si anulan las elecciones de Veracruz, muchos dirán que
obedecieron la línea presidencial.
Y si no las anulan, otros muchos dirán que cedieron a las
presiones de la oposición.
Mal, muy mal, que el Presidente Fox, tan dado a los arrebatos
oratorios, haya colocado al Tribunal Federal Electoral en el papel del
cohetero. Y de paso, haya lastimado la credibilidad de la institución.
La palabra, dicen, es plata, pero el silencio, Joaquín, es
oro...
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