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Ayer, el subsecretario de gobernación Francisco Paoli Bolio,
criticó a los medios de comunicación y a los periodistas.
Una más de las críticas que culpan a los medios de
comunicación de los escándalos promovidos por los políticos y los partidos, los
culpan por el clima de crispación que vive la República.
La mayoría de los críticos, Joaquín, operan desde el entorno
ideal, desde su propio país de fantasía.
Los medios, en cambio, Joaquín, tienen que operar en un
sistema de mercado, donde todos los días se tienen que ganar lectores, todos
los días hay que ganar audiencia. Es el único camino para asegurarse que
sobreviven como fuentes de trabajo.
Contra esa realidad, Joaquín, no hay argumento racional. ¿Por
qué tendrían los medios que dejar de buscar auditorio y lectores, si también
tienen la obligación de sobrevivir como fuentes de trabajo?
Esa circunstancia, Joaquín, no puede ignorarse en las
redacciones de los noticieros, de los diarios o de las revistas.
Ese es el dilema que se resuelve diariamente: cumplir con la
tarea periodística de la mejor manera posible, sin sacrificar los valores del
oficio, pero tampoco sin poner en riesgo la sobrevivencia del medio. Son
dilemas que se tienen que resolver con la misma velocidad de las comunicaciones
modernas.
Se resuelven, al final del día, de acuerdo a la pericia y el
profesionalismo de cada quién, porque a diferencia de los académicos y
políticos tan críticos, las horas de cierre no esperan, son implacables.
Así de fácil, Joaquín, pero también así de difícil.
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