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En la Cámara de Diputados está a discusión la propuesta de
presupuesto federal presentada por el gobierno del Presidente Vicente Fox.
Lo curioso, Joaquín, es que uno de los elementos centrales del
debate es cuánto de los ingresos de Pemex será repartido entre el gasto del
gobierno federal y el gasto de los gobiernos estatales.
Es la disputa por las rebanadas del pastel de Pemex, Joaquín.
Ah, pero eso sí, nos dicen que han perdido el sueño para
encontrar la forma de que Pemex sea más fuerte, más sana financieramente.
Esa, Joaquín, es una contradicción. Dicen tener insomnio por
su angustia de intentar resolver el problema de Pemex, pero tanto al gobierno
como a los diputados, lo único que parece interesarles es cómo se reparten lo
que ya se le quita actualmente a Pemex.
En más de un sentido Petróleos Mexicanos es visto como un
botín.
Y, tristemente, la descapitalización de la empresa parece ser
un proceso sin fin. La sangran para completar el gasto corriente del gobierno
federal y para repartirse las migajas entre los gobiernos de los Estados.
Miopes, miopes el gobierno federal, el Congreso de la Unión y
los gobernadores, porque inmersos en sus mezquindades de corto plazo, no se dan
cuenta que el petróleo es la única palanca de negociación que tiene México
frente a los países poderosos.
No se dan cuenta que sin el petróleo como palanca de
negociación con los países ricos, México sería tratado igual que Uganda,
Joaquín.
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