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Ayer se celebró en el Palacio de Minería, recinto
universitario, una reunión de rectores que encabezó el Presidente Vicente Fox.
Fue evidente una cierta frialdad presidencial hacia el rector
de la UNAM Juan Ramón de la Fuente.
Con su habitual tacto, el Presidente de la República les dijo
a todos que no habrá más dinero para la educación, y por supuesto para la
educación superior, si antes no se aprueban las reformas estructurales que
aumenten la recaudación fiscal federal.
La brusquedad del discurso sorprendió, Joaquín, porque aunque
estaba en un recinto de la Universidad Nacional Autónoma de México, como el
Palacio de Minería, el Presidente ni siquiera mencionó al rector de la Fuente.
Hay molestia por la insistencia del rector de la Fuente en
subrayar la trascendencia de la educación superior. No quieren creer que la
inversión en la educación es una inversión en lo más valioso que tiene México:
sus recursos humanos.
Por alguna razón el Presidente parece no creer que el gasto
educativo es una inversión, una inversión en lo más valioso que tiene una
nación: sus recursos humanos.
La universidad pública ha sido factor de permeabilidad social,
vía de ascenso en la escala económica y social.
Quizá simplemente el Presidente no cree en la universidad
pública, aunque casi todos los cuadros dirigentes de México, los cuadros
dirigentes de la política y de la iniciativa privada se hayan formado en la
universidad pública, especialmente en la UNAM.
Y otra vez, Joaquín, al régimen foxista se le enredaron las
prioridades.
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