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Hemos estado tan ocupados con los escándalos, con los
complots, con los insultos que intercambian los políticos, Joaquín, que a nadie
parece interesarle, menos a los políticos, cambiar la ley electoral para impedir
que en las elecciones presidenciales de 2006 se repitan los Pemexgate, los
amigos de Fox o los cochinitos perredistas.
Es un asunto que debiera interesarnos mucho, Joaquín, porque
la mayoría de los especialistas en los asuntos de la política esperan
elecciones muy reñidas, donde todos tendrán que emplearse a fondo si quieren
ganar.
Si la campaña presidencial de 2006 va a ser tan reñida,
Joaquín, a muchos candidatos y a algunos partidos no les va a alcanzar el
dinero que reciben del Instituto Federal Electoral.
Y entonces buscarán el dinero de dónde sea, pero cada peso que
reciban como donativo significa un compromiso con el donante.
Se ha hablado mucho de hacerle reformas a la ley electoral,
para reglamentar y fiscalizar más rigurosamente esos donativos particulares a
los candidatos y a los partidos. La verdad, Joaquín, a nadie parece interesarle
hacer esa reforma.
Nos distraen con el cuento de que hay que abaratar las
campañas, acortándolas, que la publicidad política tiene que ser casi gratuita,
lo que sea, con tal de no tapar todos los agujeros que tiene la ley electoral
actual.
En la situación actual, nada nos garantiza que por esos
agujeros de la ley electoral no se filtre dinero sucio a las campañas.
Eso, más que cualquier escándalo, Joaquín, sería la puntilla
para nuestra frágil democracia.
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